domingo, 23 de mayo de 2010

Silencio

Me olvidé una lágrima,
en el fondo de un cajón,
lleva tu nombre escrito,
en compás de mi menor.

No olvida la distancia,
ni el tiempo ni el amor,
una palabra al paladar pegada,
que nunca se despegó.

Soledad de niño triste,
no quiso hacerse mayor,
vergüenza que tardó demasiado,
en marcharse del timón.

Mil corazones y un siglo,
no es suficiente para decir adiós,
mi epitafio reservado,
aquí yace el que no habló.

No hay comentarios:

Publicar un comentario